viernes, 6 de agosto de 2010

Pequeñas verdades (Teresa Torres-Indra)

Conté las olas, paciente,
dejando el tiempo en sus ojos,
mientras bailaba sola
arrullada solo por ráfagas de viento
que me acercaban tu voz melódica.

Calma con mucha calma
posé mil granos de alpiste
en el alféizar de la ventana,
esperando turno sentada
tan desnuda de todo
que temblaban las horas.

Aprendí que la distancia se adueña
de cualquier voluntad extrema
te obliga a callar…
a cederle el paso
a palomas vestidas de seda.

Dí tiempo al tiempo
creyendo en un solsticio de luz,
que cambiaría todo
hasta la más dañina inquietud,
llegó solo para azotar más mi confianza.

Supe entonces el valor de un beso
posado suave en mis párpados
para cegarme ante la evidencia.

Gasté tesón y palabras en emociones innecesarias,
crecí esclava y ebria en tus manos
sin tener en cuenta
el orden de prioridades
en un camino ya marcado.

Por todo ello
y porque la vida me ha enseñado
que para sobrevivir no es solución
ni el láudano en mis venas
ni lacrarme a los problemas,

Hoy permíteme incendiar estas pequeñas verdades,
para ti de cera.


1 comentarios:

Javier dijo...

Sumas muchas pequeñas-grandes verdades atrapadas en esos renglones que nos acercas.

Un saludo.